
Se acaban de derrumbar las acciones de las empresas de software. Y esta vez, a diferencia de otras caídas, puede ser definitivo. Todo empezó con algo que parecía chiquito, casi anecdótico, pero que terminó dando vuelta el sistema.
Anthropic anunció que su inteligencia artificial, Claude, ahora tiene plugins especializados por industria. Uno de ellos, por ejemplo, es para abogados. El impacto fue inmediato: Thomson Reuters, la empresa dueña de Westlaw —la biblia legal de Estados Unidos— perdió 18% de su valor en un solo día.
El momento en que el mercado entendió
Thomson Reuters construyó su imperio sobre 160 años de archivos legales organizados. Pero ahora Claude puede leer esos archivos, entenderlos, buscar jurisprudencia, redactar contratos y hasta analizar casos completos en segundos. Entonces la pregunta aparece sola: ¿quién necesita pagarles a ellos si una inteligencia artificial puede analizar todo eso mejor y en menos tiempo?
Y no fueron ellos nomás. En menos de una semana, un billón de dólares —un trillón en inglés— se evaporó del sector de software completo. Miren esa cantidad de ceros. Bloomberg lo llamó software-mageddon. Esa fue la palabra que empezó a circular en Wall Street y que condensó el pánico.
El modelo que dejó de funcionar
Durante décadas, el software empresarial funcionó con un modelo brillante: cobrar por asiento. Cada empleado que usa la herramienta es una licencia que se paga mes a mes. 200 empleados, 200 licencias. Era el negocio perfecto: multiplicar sillas y escalar sin límite.
Pero Claude puede hacer el trabajo de varios analistas simultáneamente. Y Wall Street hizo la cuenta: el principal driver de crecimiento del sector —más empleados igual a más licencias— acaba de morir. Si una IA hace lo que hacen tres personas, ¿para qué pagar tres licencias? Y, de paso, ¿para qué pagar tres sueldos?
Claude es solo el síntoma. Lo que se está viniendo abajo no es una empresa puntual ni un sector aislado. Es el modelo completo. Cuando hasta tu tía pueda crear software complejo simplemente explicando lo que necesita, no van a caer empresas: va a caer el concepto mismo de “industria del software”.
Esto no es una corrección del mercado.
Es un cambio de época total.
—






