
“El silencio es el único lenguaje que no se presta al malentendido”
En un mundo saturado de mensajes, discursos, opiniones e interpretaciones, estas palabras sugieren que el silencio no es algo vacío, sino una forma de expresión más clara y honesta que el lenguaje verbal.
Las palabras están sujetas a ambigüedades porque cambian de sentido según el contexto, la intención del hablante y hasta la experiencia de quien escucha. El silencio, en cambio, no afirma ni niega, simplemente es. Por eso, siempre según la frase, no se presta al malentendido, aunque invite a la reflexión.
En la obra de Castellanos el silencio aparece también como una experiencia dolorosa, especialmente para quienes han sido excluidos de la palabra durante muchos años, como las mujeres, los pueblos indígenas y los marginados. En ese sentido, la frase puede leerse con una doble profundidad: el silencio es claro, pero no siempre es elegido. A veces es una forma de resistencia o una imposición.
La autora parece advertir que, frente al ruido, la manipulación del discurso o la violencia simbólica del lenguaje, el silencio puede convertirse en un espacio de dignidad, introspección y verdad interior. Funciona, así, como un límite ético frente al uso irresponsable de la palabra.
¿Quién fue Rosario Castellanos?
Rosario Castellanos (1925-1974) nació en la Ciudad de México, pero pasó su infancia en Chiapas, una experiencia que marcaría su sensibilidad y su obra. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también fue profesora. A lo largo de su vida combinó la escritura literaria con el ensayo crítico, el periodismo y la diplomacia.
Rosario Castellanos fue escritora y diplomática. Foto: Wikimedia Commons.Fue una de las primeras intelectuales de América Latina en analizar de manera sistemática la condición de la mujer desde una perspectiva crítica y literaria.
En ensayos como Mujer que sabe latín… cuestionó los roles tradicionales de género y denunció la desigualdad estructural. En novelas como Balún Canán y Oficio de tinieblas, abordó con profundidad el conflicto entre culturas, el racismo y la opresión de los pueblos indígenas.
En los últimos años de su vida se desempeñó como embajadora de México en Israel, donde murió electrocutada, durante un accidente doméstico.
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