
Fue condenado en Córdoba a seis años de prisión por ser considerado jefe y organizador de una asociación ilícita dedicada al ciberfraude. La sentencia fue dictada por la Cámara 10° en lo Criminal y Correccional, que lo responsabilizó de coordinar maniobras de vaciamiento de cuentas bancarias y billeteras virtuales.
El caso se inició tras un control de rutina en la autopista Córdoba–Rosario, donde Suárez viajaba en un remise rumbo a Buenos Aires, pese a que debía cumplir una condena previa de 13 años en modalidad domiciliaria dictada por un tribunal de Rosario. Durante el procedimiento se secuestraron 13 celulares, chips, memorias y equipos tecnológicos, descritos como un verdadero “call center móvil”.
Las pericias de la Policía Judicial revelaron conversaciones en Telegram, donde Suárez operaba con un usuario propio y coordinaba acciones con interlocutores identificados solo por alias como “Bin”, “Panter”, “Murlok” y “Floredyth”.
El tribunal determinó que la organización tenía como objetivo realizar ciberdefraudaciones indeterminadas, con una estructura fragmentada y roles diferenciados: provisión de accesos, soporte técnico, creación de identidades digitales, obtención de datos y coordinación operativa.
En la sentencia se desestimó la defensa que alegaba que los interlocutores eran bots, ya que los mensajes presentaban variabilidad y errores propios de personas reales. El fallo destacó que no se juzgaron estafas concretas, sino la existencia de una organización destinada a delinquir, rechazando el argumento de que no podía hablarse de asociación ilícita sin conocer los nombres de todos los integrantes.




