
China celebró el anunció de un superávit en su comercio exterior de 1,2 billones en 2025 que consolida su tendencia creciente de saldos favorables. El superávit del año pasado fue un 20% superior a la cifra de 2024 a pesar de la caída de las exportaciones a los Estados Unidos causada por las tarifas impuestas por Donald Trump para forzar un cambio de tendencia en el persistente déficit comercial. Las exportaciones aumentaron 5,5% mientras que las importaciones no registraron cambios respecto al año anterior.
Las exportaciones a los Estados Unidos fueron 419.000 reflejando una contracción del 19% mientras que las importaciones solo alcanzaron 139.000 millones con un superávit de 280.000 que representó el 23% del total reflejando la importancia de ese mercado para el gigante asiático.
El gobierno chino sostuvo que el aumento de las exportaciones fue el resultado de los esfuerzos de la política oficial de llegar a nuevos mercados para compensar la disminución con Norteamérica. Las exportaciones a África aumentaron 26%, al Sudeste asiático 13%, a la Unión Europea 8% y América Latina 7%.
El éxito de China en alcanzar continuos récords plantea interrogantes sobre las promesas del gobierno de revertir la política de favorecer la expansión de sus exportaciones para sostener su economía. A pesar de las afirmaciones oficiales sobre la necesidad de rebalancear su economía para ampliar la participación de la demanda doméstica los datos confirman la dificultad para modificar la orientación.
El gobierno chino tiene dificultades para , o más bien no está dentro de sus prioridades, modificar su política de subsidios a la inversión porque forma parte de una estrategia de desarrollo dirigida a ocupar posiciones dominantes en el mercado internacional. El exceso de producción termina por traducirse en un aumento de las exportaciones ante la inexistencia de una demanda interna que pueda sustituir la holgura y el poder adquisitivo del mercado internacional.
La economía china es la segunda después de los Estados Unidos con un PBI de 19,4 billones, pero su ingreso per cápita es sensiblemente menor por la cantidad de habitantes. El ingreso per cápita de los Estados Unidos está estimado en 90.000 dólares mientras que el de China asciende a solo 14.000 dólares en términos reales, lo cual explica las diferentes pautas de consumo en ambas sociedades. Si bien la política económica logró reducir la pobreza en 800 millones todavía existen amplios sectores de la población postergada localizada en zonas rurales ajenas al consumo de las ciudades.
Los pilares del crecimiento chino fueron la infraestructura, la construcción y las exportaciones apoyado en un tipo de cambio subvaluado por atraer inversiones externas que le permitió mostrar tasas anuales del 10% a partir de una base exigua.
La crisis del sector inmobiliario y la sobre expansión de la infraestructura dejó como alternativa para sostener el crecimiento la expansión de las exportaciones reflejado en una caída de la tasa anual al 4/5%. La posibilidad de una reversión de la política de subsidios o la revalorización del renminbi para aumentar el poder de compra del mercado interno requeriría un cambio de estrategia o de objetivos políticos muy difíciles de alcanzar en economías con un alto grado de participación de empresas estatales.
El gobierno chino continuará los festejos y seguirá anunciando su disposición a aumentar las importaciones organizando exposiciones, ferias y misiones como una forma de contener el descontento del resto del mundo por el desequilibrio estructural de su comercio exterior. Pero esta política aleja cada vez más las posibilidades de retomar el diálogo multilateral porque termina por favorecer las tendencias proteccionistas de las cuales es muy difícil volver.
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