
POR ASTRID MORENO GARCÍA DIONE
En San Luis algunas escuelas comenzaron a incorporar la inteligencia artificial pero con condiciones. Entre los mayores riesgos está la pérdida del pensamiento crítico y aprendizaje superficial.
Actualizada: 02/02/2026 01:02
ChatGPT en el aula: dos de cada tres niños lo utilizan y corren riesgo de dependencia cognitiva
Por Astrid Moreno García Dione
En Argentina, dos de cada tres niños y adolescentes en edad escolar utilizan la Inteligencia Artificial (IA) generativa, como ChatGPT, para la elaboración de trabajos y tareas. Ante este panorama, la pregunta clave es: ¿prohibición o adaptabilidad? Especialistas en docencia y cibernética alertan sobre la necesidad de reformular las modalidades de enseñanza para no perder algo clave: el pensamiento crítico. En San Luis, ya hay establecimientos que adecuan su currícula.
Según el reporte de la Encuesta Kids Online Argentina 2025, de Unicef, el 76% de los niños y adolescentes de entre 9 y 17 años conoce la IA generativa, y el 58% afirma haberla utilizado. Entre quienes la usan, los principales fines son educativos: el 66% afirma haber recurrido a ella para resolver algún trabajo escolar.
“Si bien hace bastante tiempo que se trabaja con tecnologías digitales en las aulas, la IA generativa tiene una particularidad: ha empezado a automatizar procesos que creíamos, hasta hace un tiempo atrás, que eran exclusivos de las personas humanas, que son las tareas cognitivas”, señaló Anuar Cicchero, docente del área de Lengua y Literatura de profesorados en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis.
En cuanto a la capacitación docente, los datos más recientes muestran una demanda clara de formación. Según una encuesta realizada dentro de las pruebas Aprender, el 60% de los docentes manifestó interés en recibir más capacitación en tecnologías de la información y la comunicación, una necesidad que se acentúa especialmente entre quienes tienen mayor antigüedad.
Si bien el uso de las tecnologías digitales ya representaba un desafío en las aulas, la irrupción de la inteligencia artificial suma una nueva capa de complejidad.
“La IA implica otra manera de plantear las formas de evaluar, dar trabajos y encomendar tareas a los chicos, para que puedan incorporarla, cuando se permita”, apuntó María Sol Alzú, analista de datos y una de las investigadoras que dio vida al informe “Inteligencia Artificial en la Educación: desafíos y perspectivas” de Argentinos por la Educación.
La especialista problematizó la necesidad de generar debate en las provincias sobre los alcances y límites de la IA para poder, luego, establecer normativas y protocolos. Apunta a que servirá para realizar una evaluación de qué tareas requerirán el uso de IA y cuáles no dentro del aprendizaje.
Universidad Nacional de San Luis (UNSL)
“Tal vez, en un futuro, decir ‘usar inteligencia artificial’ sea como decir hoy ‘usé internet para buscar cierta información’. Pero está bueno que todo esto esté efectivamente dado en un marco contextual, ya sea de la provincia, del municipio, de la institución o incluso a nivel nacional”, analizó.
A nivel provincial, desde la Facultad de Ciencias Humanas de la UNSL, Cicchero precisó que ya se conformó un grupo de estudio entre investigadores y docentes de distintas áreas para poner en agenda el uso de la IA y empezar a dilucidar y discutir lineamientos comunes. Sin embargo, es aún un cónclave muy incipiente que comenzará a tomar entidad este año.
“No hay todavía una normativa o un protocolo de uso que sea una serie clara de reglas sobre qué se puede y qué no se puede hacer. Entonces, lo que ocurre es que cada equipo docente va mediando y tomando decisiones en función de lo que ocurre en las aulas”, aclaró Cicchero.
Y sumó: “El desafío es ver cuál es la diferencia entre hacer que una máquina escriba por uno y entregar ese resultado como lo que el docente está pidiendo, y cuál es la diferencia con hacerlo uno mismo. Y si todavía vale la pena enseñar ciertas cosas. Nos obliga a poner en cuestión nuestras prácticas de enseñanza y también qué y cómo estábamos evaluando. Porque si requeríamos tareas que ahora se pueden resolver de manera automática, es porque eran factibles de ser automatizadas”.
Cicchero retomó el concepto del teórico brasileño Vilém Flusser, quien advertía sobre el riesgo de convertirse en “funcionarios de la máquina”: usuarios que utilizan tecnologías sin entender sus lógicas ni cuestionar sus resultados.
“Llevado al plano educativo, si le vamos a pedir a alguien que haga un cálculo que tiene una complejidad alta y un tiempo de resolución muy extenso, quizás no está mal que la máquina lo resuelva por nosotros. Pero, sobre todo como futuros profesionales de la educación, es importante saber o tener idea de cómo se resuelve, porque así podemos auditar el resultado”, destacó.
Para Belén Ortega, ejecutiva de nivel C en América Latina, experta en innovación, transformación digital e inteligencia artificial, las nuevas tecnologías no sólo complementan el rol del docente, además lo potencian; ya no se trata de enseñar contenidos duros, sino habilidades y propósitos.
“Por eso es importante que, en algún momento, pueda cambiar el sistema educativo y que no se pase a decir que la inteligencia artificial no se utiliza, sino que se utilice en las aulas. Que los equipos directivos estén preparados para seleccionar una nueva forma de educación, que es una educación con inteligencia artificial, y que los niños dejen de esconder su uso y empiecen a utilizarla como lo que realmente es: una herramienta que permite potenciar las capacidades humanas”, justificó.
Escuelas privadas de San Luis y la incorporación de la IA en el aula
Mientras el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación gana espacio, algunas escuelas de San Luis ya comenzaron a integrarla de manera concreta en sus prácticas pedagógicas. Lejos de prohibirla o ignorarla, apuestan por regular su uso, desarrollar pensamiento crítico y transformar los modos de enseñar y evaluar.
En el colegio Causay, según explicó la directora del nivel secundario Lara Schneider, trabajan hace más de dos años con capacitaciones a docentes y la incorporación de la IA dentro del aula, de una forma consciente y pedagógica. La utilizan como una herramienta para potenciar los procesos de investigación, optimizar tiempos y profundizar aprendizajes.
Instituto Causay. (Foto El Chorrillero)
“Por ejemplo, el año pasado trabajamos un proyecto con los alumnos de sexto año, donde ellos tuvieron que entrenar una inteligencia artificial para diferenciar enfermedades cardíacas, es decir, distinguir a una persona sana de una persona con compromiso de salud”, explicó.
En otro de los proyectos, los alumnos debieron crear una noticia con IA y articular contenidos de Lengua, Ciencias Naturales y Tecnología. El objetivo fue alejarlos del “copiar y pegar” y poner el foco en el proceso, la creatividad y la toma de decisiones informadas. La directora explicó que también tuvieron que enseñar el uso ético de la inteligencia artificial.
En paralelo, la institución lanzó un postítulo con certificación oficial, “Inteligencia Artificial Aplicada a la Educación”, destinado a docentes de todos los niveles. La propuesta busca formar educadores capaces de integrar la IA de manera crítica en sus prácticas pedagógicas, con una modalidad mixta y una duración de cuatro meses.
En el colegio Santa Catalina, el abordaje parte de una preocupación central, que la tecnología empiece a tomar decisiones por los estudiantes. Así lo explicó el director Alejandro Donoso, quien trazó un paralelismo entre el uso actual de la IA y el impacto que tuvo, en su momento, Wikipedia en los trabajos escolares.
“Ahora la IA te resuelve y toma decisiones por el alumno. Eso es lo más preocupante para un docente o para cualquier institución educativa, sea de nivel primario, secundario o incluso universitario”, problematizó.
Frente a este escenario, la institución impulsó el año pasado un foro de alumnos y docentes sobre el uso responsable de la IA. La jornada permitió debatir no solo cómo funciona la tecnología, sino también las consecuencias de utilizarla sin distinción.
Santa Catalina (Foto El Chorrillero)
“Los chicos muchas veces utilizan la IA de manera indiscriminada, porque resuelven actividades y ni siquiera se toman la molestia de leer lo que se produjo, sino que simplemente lo sacan y lo ponen en el trabajo práctico”, explicó Donoso.
Como respuesta, el colegio incorporó una instancia adicional en la producción de trabajos prácticos. Más allá de la entrega del producto final, los docentes solicitan a los alumnos que expliquen cómo resolvieron la actividad, qué uso hicieron de la inteligencia artificial, qué consignas le dieron y por qué tomaron determinadas decisiones.
Riesgos y aspectos positivos del uso de la IA en los alumnos
El informe de “Argentinos por la Educación” distingue una serie de riesgos y desafíos del uso de la IA en las aulas. Entre los principales se destacan el aprendizaje superficial, la falta de pensamiento crítico e independencia cognitiva, el aislamiento y debilitamiento de los vínculos humanos, la deshonestidad académica y el sesgo algorítmico.
“Lo que vimos es que muchas veces los alumnos le dan la pregunta a la inteligencia artificial, el chatbot devuelve la respuesta, el alumno la entiende, pero a la hora de tener que aplicar ese conocimiento a otro contexto o de decirlo con sus propias palabras, ahí es cuando falla”, explicó la analista de datos Alzú sobre su informe.
Y destacó: “Entonces, un poco lo que debería estar regulado es a partir de cuándo se usa la inteligencia artificial, porque no es lo mismo en un chico de 17 años que en uno de 8, que recién está completando este primer módulo de aprendizaje mucho más vinculado a la lectocomprensión o a los ejercicios básicos de matemáticas, que son fundamentales para tener una base firme y poder seguir avanzando”.
Otro punto a considerar es el sesgo algorítmico. El documento explicita que los sistemas de IA pueden reproducir o amplificar prejuicios presentes en los datos con los que fueron entrenados, generando resultados injustos o discriminatorios.
“Estas inteligencias pertenecen a empresas del hemisferio norte y, con mayor preeminencia, van a tener sesgos que quizás no responden a la cosmovisión o al pensamiento de países más periféricos como el nuestro. Cuando interactuamos con estos agentes y les hacemos preguntas, ese sesgo hay que tenerlo en cuenta y también tratar de develarlo a medida que contrastamos la información”, aclaró el docente de la UNSL. Además, resaltó: “Por eso siempre es recomendable no ceñirse solamente a la IA como única fuente de información. Internet sigue siendo una fuente muy poderosa de conocimiento, con libros, artículos y trabajos digitalizados que están disponibles para leer”.
Ortega también remarcó el riesgo de los sesgos, pero le quitó la carga a las empresas que producen la IA y lo enfocó en los usuarios. Explicó que el mal uso puede generar en los niños una dependencia cognitiva.
“Hoy, lamentablemente, en muchas aulas del país se está utilizando de una manera errónea, a escondidas de los padres, de los colegios y de los maestros, para poder aprobar un examen o hacer un trabajo práctico. El verdadero riesgo es que los niños no fomenten el pensamiento crítico en una edad clave, donde las habilidades que desarrollan en la etapa primaria y en la secundaria impactan directamente en cómo se van a desenvolver en la vida”, destacó.
Sin embargo, no todo es negativo. El documento también explicita las ventajas de la IA para la educación, desde la parte administrativa y de organización que pueden facilitar este tipo de herramientas, como la automatización de procesos, la optimización del calendario académico y la transparencia del sistema; hasta las formas de cognición.
La inteligencia artificial aplicada a la educación permite agilizar y personalizar la producción de contenidos para el aula. En pocos minutos, estas herramientas pueden generar ejercicios, guías y materiales adaptados a distintos niveles de desempeño, así como versiones alternativas de una misma actividad.
“Para los estudiantes, algo que ya se está aplicando en otros países que tienen mucho más incorporada la IA en general son sistemas de chatbots que van más allá de ChatGPT o Gemini, sino que son propios del Ministerio de Educación, por ejemplo, de cada una de las provincias o incluso a nivel nacional, pero alimentados con el contenido acorde. Entonces, los alumnos pueden usarlo para consultar esa información, evitando al máximo posible ciertos sesgos que puede tener la inteligencia artificial o que hoy en día todavía, por momentos, inventa información o fuentes”, aclaró Alzú.
A su vez, la corrección automatizada y el análisis de datos educativos facilitan el seguimiento del aprendizaje. Basados en rúbricas y con validación del docente, los sistemas de IA pueden evaluar grandes volúmenes de trabajos, detectar errores recurrentes y ofrecer retroalimentación inmediata. También permiten transformar información sobre desempeño, participación y asistencia en reportes útiles para anticipar dificultades y diseñar intervenciones pedagógicas más precisas y personalizadas.
“Los chicos son un reflejo de lo que hacen los adultos. Docentes y padres tienen un rol fundamental para impulsar a los niños a utilizar estas herramientas, motivarlos, pero dentro de un marco responsable que no genere dependencia cognitiva”, cerró la especialista en IA.
Lejos de prohibirla, tanto docentes como investigadores aseguran que las herramientas de IA tienen asistencia perfecta en el aula, por lo que la urgencia recae en generar protocolos y sistemas de aprendizaje que se adecúen al entorno de los alumnos.
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