
Después de 50 años de actividad ininterrumpida, la fábrica de retenes SCAR cerró sus puertas en barrio Pueyrredón y dejó detrás una imponente mole de cemento vacía, con persianas bajas y sin movimiento. El edificio, que durante décadas fue símbolo de trabajo y producción, hoy refleja el impacto del cierre en la zona.

En su momento de mayor esplendor, la empresa realizaba distribución de retenes hasta el norte del país, consolidándose como un referente industrial cordobés. Camiones entrando y saliendo, operarios en cada turno y un constante ritmo de producción formaban parte de la postal cotidiana del barrio.
Ahora el silencio domina la cuadra. “Mucha tristeza”, resumió un vecino al ver el predio sin actividad. El cierre no solo marca el fin de una etapa productiva, sino también el golpe emocional para una comunidad que creció alrededor de la fábrica.
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