Cathy Straud Benedict, criadora con más de 35 años de experiencia: Los labradores son perros muy sociables. Si no quieres dedicarle mucho tiempo a tu perro, mejor adopta un gato

Los Labrador Retriever tienen una reputación difícil de discutir: son afectuosos, inteligentes, sociables y suelen adaptarse muy bien a la vida familiar. Pero precisamente una de sus mayores virtudes puede convertirse también en una exigencia para quienes los eligen.

“Los labradores son perros muy sociables. Si no quieres dedicarle mucho tiempo a tu perro, mejor adopta un gato”, afirma Cathy Straub Benedict, criadora de Cabin Labradors con más de 35 años de experiencia en la raza, en una conversación con el American Kennel Club.

La frase tiene un tono de humor, pero detrás hay una advertencia concreta. El Labrador necesita estar vinculado con las personas, participar de la actividad familiar y contar con estímulos físicos y mentales. No alcanza con dejarle comida, abrirle la puerta del jardín y esperar que se entretenga solo.

Esa necesidad de interacción comienza desde cachorro y atraviesa las distintas etapas de su desarrollo. Cuando llega a casa, alrededor de las ocho semanas, empieza además una etapa particularmente demandante: explorar el mundo, aprender límites y, muchas veces, descubrirlo todo a través de la boca.

Masticar puede ser una preocupación constante durante el primer año. Por eso, antes de recibir al cachorro, conviene preparar el hogar, retirar objetos que puedan resultar peligrosos y mantener fuera de su alcance las plantas que puedan ser tóxicas.

Durante su primer año, el Labrador atraviesa una etapa clave de aprendizaje, socialización y adaptación a su nuevo hogar.

Pero la atención no termina en evitar que el cachorro destruya un par de zapatillas. También implica acompañar su desarrollo y enseñarle progresivamente cómo relacionarse con su entorno.

Seis claves para acompañar a un Labrador durante su primer año

A las 8 semanas: preparar el hogar

El cachorro necesita un espacio seguro, juguetes adecuados y límites claros. La supervisión es especialmente importante durante las primeras semanas.

Primeros meses: comenzar la socialización

El contacto progresivo con personas y otros perros forma parte de la socialización que necesita el cachorro desde sus primeros meses.

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Hasta los 6 meses: dejarlo ser cachorro

Aunque los labradores tienen una gran capacidad de aprendizaje, no todo tiene que convertirse en una clase de obediencia. “Me gusta dejar que un cachorro sea un cachorro durante los primeros seis meses, y luego comenzamos con el entrenamiento básico”, sostiene la especialista.

Ejercicio: actividad, pero sin excesos

El Labrador necesita movimiento, aunque un cachorro no debe ser sometido a ejercicios intensos o prolongados. La actividad debe adaptarse a su edad y desarrollo.

Un cachorro de Labrador aprende las reglas básicas de la socialización canina de la mano de un ejemplar adulto, en un momento clave de su desarrollo.

Agua y adiestramiento: aprendizaje gradual

La raza suele tener una particular afinidad con el agua. Si el cachorro aprende a nadar, debe hacerlo de manera progresiva y segura. Las clases de adiestramiento pueden comenzar alrededor de los cuatro meses, después de la primera ronda de vacunas.

Alrededor del año: nuevos desafíos

A medida que crece, cambian sus necesidades de alimentación y ejercicio. Alrededor del año, llega el momento de hacer la transición del alimento para cachorros al de adulto, siguiendo las indicaciones del envase. A esta edad también puede comenzar a realizar actividades como correr junto a su dueño.

Meet the Labrador Retriever: Is This the Right Dog for You?

La experiencia de Benedict permite entender el verdadero sentido de aquella frase inicial. El perro labrador no exige tiempo solamente porque necesite salir a pasear: necesita una familia que interactúe con él, lo eduque, lo estimule y acompañe su crecimiento.

Esa demanda es, al mismo tiempo, parte de su encanto. Son perros que buscan formar parte de la vida cotidiana de sus dueños y que suelen responder a la atención con una enorme capacidad de afecto y compañía.

Por eso, antes de elegir un Labrador, la pregunta quizá no sea solamente si la familia tiene espacio para un perro, sino si tiene tiempo para compartir su vida con él.

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fuente: CLARIN

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