
Con un tono seco y sin concesiones, Casi Feliz volvió a posicionarse entre las series argentinas más vistas y comentadas de Netflix. Creada y protagonizada por Sebastián Wainraich, la comedia se aleja del chiste fácil para apostar por situaciones incómodas, silencios prolongados y escenas que incomodan tanto como reflejan la vida cotidiana. Esa incomodidad, lejos de espantar, se convirtió en su mayor fortaleza.

La serie retrata a un adulto atravesado por inseguridades, contradicciones y torpezas emocionales que resultan exageradas pero profundamente reconocibles. Relaciones de pareja, paternidad, frustraciones laborales y expectativas no cumplidas aparecen atravesadas por una mirada irónica, a veces cruel, que expone la fragilidad de los vínculos modernos. Cada episodio funciona como una pequeña radiografía emocional donde el humor opera más como defensa que como alivio.
El sello personal de Wainraich atraviesa toda la propuesta y le da coherencia a un relato que no busca agradar todo el tiempo. Acompañado por un elenco sólido y actuaciones contenidas, Casi Feliz logró consolidarse en el catálogo por su originalidad y honestidad. Una de esas series que se descubren, se recomiendan y confirman que el humor incómodo también tiene su público en el streaming.
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