
La empanada no falla nunca. Está en cumpleaños, reuniones familiares, previas, feriados y domingos de lluvia. Pero aunque parezca un plato simple, cada vez que se habla de gustos aparece la polémica. En las últimas horas, un ranking difundido por la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de Argentina volvió a encender la discusión: ¿cuál es la empanada preferida de los argentinos?
Según el relevamiento, el gusto más pedido a nivel nacional sigue siendo la carne suave. Le siguen jamón y queso y pollo, en un podio que combina tradición, practicidad y costumbre. Más abajo aparecen opciones que despiertan pasiones intensas, como la carne cortada a cuchillo, la humita o la verdura, que nunca pasan desapercibidas.

El ranking rápidamente se viralizó en redes sociales y generó miles de comentarios. Algunos celebraron que la cebolla y queso haya logrado meterse en el top ten, otros se indignaron por la posición de la carne picante y no faltaron quienes cuestionaron directamente el concepto de “carne suave”. Como suele pasar, la empanada volvió a funcionar como termómetro cultural.

La empanada, un clásico nacional que nunca es neutral
Hablar de empanadas en Argentina no es solo hablar de comida. Es hablar de identidad, de provincias, de infancia y de rituales. La carne suave lidera porque es transversal, fácil de gustar y poco riesgosa. Jamón y queso, aunque resistida por los más puristas, se consolida como una de las favoritas en pedidos grandes y eventos. El pollo mantiene su lugar como opción intermedia, ideal para quienes quieren variar sin alejarse demasiado de lo clásico.

Más abajo, la carne cortada a cuchillo representa a los defensores de la empanada “bien hecha”, asociada a recetas regionales y a una idea más artesanal. La humita y la verdura dividen aguas: para algunos son indispensables, para otros directamente inadmisibles. Lo mismo ocurre con el roquefort con jamón, una opción intensa que suele generar amor u odio sin escalas.

En redes, el debate se volvió áspero. Hubo chicanas, exageraciones y comentarios provocadores que apuntaron más a marcar postura que a discutir sabores. También aparecieron defensas apasionadas de gustos históricamente subestimados, como la cebolla y queso, que muchos consideran una joya silenciosa.
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