
El rey Carlos III y la reina Camila iniciaron este lunes una visita de Estado a Estados Unidos en el momento más crítico de la relación bilateral. El viaje se produce mientras la administración de Donald Trump cuestiona abiertamente la histórica alianza tras la negativa británica de sumarse a la guerra contra Irán.
La tensión escaló tras filtrarse una comunicación del Pentágono que sugiere que Washington podría retirar su apoyo al Reino Unido en la disputa por las islas Malvinas. Esta posible represalia surge como respuesta directa a la decisión del primer ministro Keir Starmer de no involucrar a su país en el nuevo conflicto bélico.
Hostilidad diplomática por Malvinas y el factor de la relación con Argentina
Trump ha sido implacable en sus críticas, comparando desfavorablemente a Starmer con Winston Churchill y burlándose públicamente de la capacidad militar británica. El mandatario estadounidense llegó a describir la armada del Reino Unido como poseedora de “juguetes” en lugar de buques de guerra reales.
En este complejo escenario, el excelente vínculo entre Javier Milei y Donald Trump representa una complicación estratégica para Londres. El respaldo logístico de EE.UU. fue clave para el estatus colonial tras 1982, pero hoy esa “relación especial” se encuentra bajo revisión por profundas discrepancias geopolíticas.
Además del eje militar, el presidente de EE.UU. planea cuestionar al monarca por la tasa digital aplicada a tecnológicas estadounidenses y la moratoria de exploraciones petroleras en el Mar del Norte. Trump pretende usar el encuentro para presionar sobre temas de inmigración y posibles aranceles comerciales.
Pese al estricto protocolo de la Corona, analistas británicos consideran que Carlos III es uno de los pocos que podría ejercer influencia sobre el imprevisible presidente. No obstante, el Reino Unido corre el riesgo de ser visto por la Casa Blanca como un país europeo más, perdiendo su lugar de privilegio diplomático.
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