
Carla Conte se define como “conductora, actriz, siempre bailarina”. Y, si bien saltó a la fama en 2004 gracias a la calidez y simpatía con la que conducía Call TV a la medianoche, su amor por el baile es algo que ha marcado su carrera delante y detrás de cámara.
Hoy protagoniza una exitosa obra en calle Corrientes y celebra un excelente momento tanto profesional como personal, pero en diálogo con Clarín confiesa que extraña bailar.
“Cuando arranqué la tele, dejé de laburar como bailarina. Empecé como conductora y fui dejando de bailar hasta que no bailé más, excepto los Bailando, y no mantuve ese hábito”, lamenta.
Sobre la expresión “siempre bailarina” que tiene en su biografía de redes sociales, explica determinada: “Porque yo me considero bailarina y siempre estoy queriendo bailar, pero quiero hacer de todo, cosas que ahora me son imposibles sin entrenamiento, pero me encantaría y lo voy a lograr, vas a ver que este año lo hago”.
De hecho, Carla Conte ganó un Bailando por un sueño en 2006 y se lo adjudica al amor que siente por la danza: “Hoy veo los videos y yo era feliz. Yo gané de feliz porque técnicamente nunca fui espléndida, pero manejaba un nivel de felicidad y alegría que se notaba. Vos me veías y decías ‘esta chica es feliz'”.
-¿Cómo fue pasar de una formación con Julio Bocca a trabajar en el programa de Marcelo Tinelli?
-Yo hacía comedia musical en la escuela de Julio Bocca, mientras era telefonista. Pero arranqué de grande, a los 20 años, y no tengo una formación de bailarina clásica que me hubiera encantado. Entonces para mí haber terminado laburando como bailarina era una fiesta, porque era algo que ni me imaginaba que iba a poder hacer. Todo se dio de una manera que no entendí bien cómo pasó.

-Encima desde tus comienzos en Call TV tu carrera en los medios fue meteórica…
-Yo arranqué en la tele de casualidad porque laburaba de todo. Había mandado mi foto a todas las agencias, yo hacía publicidad, promociones, laburaba como bailarina, como actriz, iba a los programas de tele que buscaban bailarinas, hacía audiciones… Y así caí en la prueba de cámara de Call TV por presentarme en todos lados. Y ahí entré a laburar, pero todo fue bastante rápido.
-¿Y cómo te sentiste cuando llegó la propuesta de Showmatch para estar en el Bailando?
-Cuando llegó el Bailando en realidad fue una fiesta porque primero tenía a todas mis amigas en el grupo de bailarinas de Marcelo, esa era mi misma camada de bailarinas. Yo estaba chocha de la vida con ellas al lado que me decían “Dale, negra, animate”. Porque yo no me animaba, pero cuando me animé fue espectacular, si es lo que más me gusta hacer en la vida…

-Prácticamente pasaste de no tener trabajo en los medios a no parar de trabajar…
-Estaba pasando algo que era muy fuerte, en cuestión imagen. A mí me convocaban, me buscaban. ¿Y qué hacés con eso? Me salió decir “Hay que laburar, no le puedo decir que no a todo este trabajo”. No se me ocurrió en ese momento correrme porque era mi trabajo y me iba bien.
En 2007, durante su participación en el famoso certamen de baile de Tinelli, Carla fue la única que se animó a plantarse frente al ese entonces divertido y habitual, hoy polémico, corte de polleras.
Un gesto que es considerado muy significativo para aquella época y que ha hecho reflexionar hasta al mismo Tinelli.
-Para mí, la última ola feminista en Argentina se empezó a gestar cuando te negaste a que Tinelli te corte la pollerita.
-(Risas) Ojalá yo hubiera sabido en esa época sobre feminismo y sobre tantas cosas. No tenía ningún tipo de herramienta, ni tampoco red de contención, lo mío fue instinto puro, en la vida en general. Y después encontrarte con estas cosas, mirar para atrás y decir: “Che, esto estuvo bueno”. Fue clave para lo que pasó después y eso que yo en ese momento ni tomé conciencia.
-Fue descontextualizar algo que era re normal, hoy es hasta incómodo de ver el video.
-Yo me veo y digo “guau”, hoy sería algo impensado. Yo a Paula (Robles) la conocía del Bailando, pegamos buena onda y estábamos las dos en la misma, eso que ella era la esposa de él en ese momento. Fue algo que hicimos como una especie de juego, cero conciencia, fue algo que tomó valor años más tarde. De hecho, Luciana Peker había escrito un articulo y yo ni me enteré, me lo mostró ella años después cuando la conocí. Pero sí, otras épocas…
-Después volviste al Bailando y a trabajar con Tinelli hace poco en el stream Carnaval, ¿Cómo resignificaron eso?
-Bueno, él en 2018 abrió el programa reflexionando y hablando de las cosas que ya no se hacían ni se iban a hacer más. Para mí, estuvo buenísimo lo que pasó, porque era algo complejo y él tomó ese guante. Y no habíamos hablado nunca puntualmente de eso y nos reencontramos el año pasado en Carnaval y pudimos hacer humor. Y a mí me pareció grandiosa esa vuelta de la vida, me pareció glorioso poder hacer eso, porque sentí un respeto mutuo. Yo laburé muchos años en Ideas del Sur, con gente que quiero un montón, el grueso de mi carrera lo hice ahí, entonces le debo un montón. Y yo no es que borro una cosa por la otra.
-Es que en el momento ni siquiera se te ve enojada, sólo incómoda.
-No, para nada y para mí fue muy importante poder resignificar eso y ni hablar volver a conectar con él, fue buenísimo poder hacer el chiste del corte de pantalón (en Carnaval) y además creo que era “el” momento porque hace unos años tampoco se podía, porque estaba todo más sensible. Estuvo bueno para los dos.
-¿Al comienzo de tu carrera habías tenido más experiencias así? ¿Reaccionaste igual o te costaba más?
-Sí, escenas de esas tuve muchísimas. De hecho cuando me preguntaban por la pollerita yo les decía que de esas había vivido un montón. Yo me he ido de producciones de fotos porque me sentía incómoda… Yo venía del palo del baile y no tenía ningún rollo con mi cuerpo, por eso yo salía al aire en bolas sin problema, no tenía drama con la exposición. La vuelta de eso es lo que más me costó, esta cosa de que me traten de objeto. No tenía palabras en ese momento para explicarlo, pero sí sentía la incomodidad.
-Algún ejemplo que te acuerdes…
-En Call TV renuncié a la semana porque me querían poner un cuadro para que yo me diera vuelta y muestre el culo. Y les dije: “No, si yo ya estoy acá medio en bolas, ¿Qué más querés que haga?”. Y les renuncié, les dije: “Necesitan una mina que esté acá parada y no haga nada”. Me preguntaron qué quería hacer y les dije que yo quería conducir. Y ahí empecé a ocupar otro rol en el programa. Pero de esas tuve miles. Lo que pasa que en ese momento no había contexto, ni yo tenía cómo expresarme. No es que podía decir “No me gusta que me cosifiquen”. Yo no decía nada porque no sabía ni cómo se llamaba.
-Después de estos picos de exposición, bajaste un poco el perfil, ¿Coincidió con tus embarazos?
-En mi carrera nada fue organizado ni planeado, yo misma me llevaba a los extremos. Tuve mis años de más trabajo, que fueron maravillosos. Conducía dos programas en El Trece y hacía La cena de los tontos con Adrián Suar y Guillermo Francella. En 2009 quedé embarazada, parí y a los cincos minutos volví al aire. No se lo deseo a ninguna mujer, sin importa el trabajo que hagas.
-¿Y por qué lo hiciste?
-Lo hice porque me parecía que era lo que tenía que hacer y además yo era el sostén económico en mi casa. Si yo no laburaba, ¿Qué íbamos a hacer? Esa era mi realidad. Tampoco tuve a nadie a mi alrededor que me avisara… Bah sí, la partera y no la escuché. Me dijo que me tome un mes y yo le dije: “Con dos semanas estoy bien”. A las dos semanas no sabía ni cómo me llamaba. Por supuesto eso fue empeorando con el tiempo, porque cuando volvés a laburar para todo el mundo sos una persona normal y te demandan a ese nivel. Empecé a trabajar el triple de lo que trabajaba antes y en un momento me explotó el cerebro, no era compatible la vida que yo quería llevar como madre con lo que estaba haciendo. Me pasaba de todo por la cabeza y por el cuerpo. ¿Me podría haber corrido? Sí. También podría haber tenido a alguien al lado que me dijera “Guárdate un poco”. Pero no sucedió.
-¿Y cómo explotó?
-Llevé todo al extremo y terminé explotando y mandando a todos a la mierda. No estuvo bueno ni eso ni sus consecuencias, pero me salió así. Ojalá hubiera salido de otra manera. Y no es un dato menor el hecho de que yo bancaba todo. Si yo no laburaba, qué hacíamos. Yo tenía que trabajar, hacerme la linda, la simpática y al mismo tiempo quería ser una madre que diera la teta todo el día con mi hija pegada al cuerpo. Era obvio que iba a terminar así y después lo entendí con los años.
-¿Y el segundo embarazo cómo lo viviste?
-Bajé, pero también porque vino con algunas complejidades. Yo hay algo que no entendí en esta vida, que ojalá que en la próxima sí, que es que existe algo que se llama “licencia por maternidad paga”. Porque con mi segundo embarazo hice algo peor todavía, renuncié a todos mis trabajos. Era 2014, yo laburaba en Radio Nacional y en la TV Pública, renuncié a todo. Al año estaba cagada de hambre, puérpera, con los dos pibes, era un caos todo.
-¿Y cómo fue tu vuelta?
-Recién en 2016 sentí que quería volver a trabajar. Porque también después de dos embarazos pude revalorizar mi laburo y decir “A mí este trabajo me encanta, me hace feliz y creo que soy buena”. Y eso implicó tener una charla con mis hijos y decirles “A mí me gusta trabajar, lo que implica que a veces no te podré llevar al colegio o estar en algún acto, pero yo necesito laburar porque me hace bien y van a tener una madre feliz”.

-Hace poco hiciste streaming con Tinelli (Carnaval) y también con Ángel de Brito (Bondi Live), ¿Cómo lo viviste? ¿Te gustó?
-Lo amé, me pareció espectacular, en el streaming confluyen todas las formas que a mí me gustan de la comunicación. Tiene algo de relajado que me hace acordar a Call TV, es como una camarita prendida, vos hablando sin parar y la conexión con la gente que está del otro lado… De hecho, a nosotros en una época, además de hablar por teléfono con la gente, también nos mandaban mensajes por SMS y aparecían abajo en la pantalla, es como volver a ese inicio. El stream me hace acordar a eso y me encanta.
Carla Conte, entre el trabajo y el amor
Después de haber pasado por varias facetas, hoy Carla está metida de lleno en la actuación. Protagoniza la obra El chat de mamis junto a Eugenia Tobal, Mica Riera, Manuela Pal, Karina Hernández, Lionel Arostegui y Berenice Gandullo.
Esta divertida comedia, que se presenta en el teatro Multitabaris de miércoles a domingos, cuenta la historia de un grupo de padres que, a raíz de un incidente en el colegio, deben enfrentarse con quiénes son sus hijos en realidad por cómo han sido criados.

Pero este espectáculo no es un trabajo más para Conte, ya que no solo marca su regreso al teatro, sino que también porque trabaja junto a su pareja, el productor Ezequiel Corbo.
Respecto a este exitoso proyecto, que cuenta con la autoría de Mechi Bove, detalla: “El teatro lo amo, me encanta. Es donde arranqué, de lo primero que hice antes de ser conocida. El escenario es hermoso, tiene una magia que no la tiene ningún otro espacio. El proyecto me lo presentó Ezequiel. Es algo en lo que él venía pensando hace un montón y lo mandó a escribir hace ya mucho tiempo”.
“Son hombres y mujeres dando batalla con lo que creen que son sus hijos, con lo que esperan que sean. Y después el lado B de cada uno es fuerte”, agrega sobre la obra.
También aclara que es una “gran responsabilidad” hacer reír al público “porque hace bien”, a pesar de no ser humoristas ni buscar este efecto. “La gente se ríe porque sucede. De hecho muchos en el público hablan un montón durante la obra, dicen ‘este es tal, ese es tal’, se ponen charletas”.

-¿Te inspiraste en alguien que conozcas para tu personaje?
-Hay de todo un poco, porque mi personaje tiene cosas de mí. Mis amigas vinieron a verla y me dijeron que Nuria era yo. No soy yo tal cual, pero hay cosas que sí porque es medio ‘hippona’ y es la que te quiere contener. Tengo inspiraciones famosas que no las voy a nombrar pero es un personaje que tiene mucha espiritualidad. Está buenísimo lo que se armó acá.
-Me nombrabas a Ezequiel, ¿Creés que armó el personaje para convencerte?
-(Risas) Él sabía que yo iba a decir que sí de todas las formas posibles. Porque me encanta volver a laburar con él. La obra me encantó, me encantó mi personaje, que en realidad la autora, Mechi (Bove), le había puesto Carla y al final le tuvieron que cambiar el nombre porque lo iba a interpretar yo. Me encantaba la idea de volver a trabajar con él, era difícil que le dijera que no.
-¿Cómo es trabajar con él siendo tu pareja? Porque ya habían trabajado juntos sin que lo sea, como compañeros en la época en que ambos estaban en Ideas del Sur.
-Es hermoso, es un gran momento, porque siento que hacemos equipo, él desde la producción y yo del lado artístico. Y esto de que en definitiva estamos todos acá tirando para el mismo lado, que la gente venga y estemos todo el año haciendo funciones, y siento que se armó un equipo que se está buenísimo. Obviamente hablamos un montón de laburo, hasta que decimos: “Bueno, ya está”. Es una forma nueva que estamos descubriendo, que está buenísima como todas las demás.
-Y con tu historia con Ezequiel también podrías hacer otra obra de teatro.
-(Risas) Te juro que sí, lo hemos pensando también, yo ya se lo dije. Sí, re. Porque nos conocemos hace mil años, para nosotros es sorprendente. Cada dos por tres decimos: “No entiendo, si nosotros viajábamos, íbamos, ¿Dónde estaba todo esto?”.

-En otra entrevista vos aclaraste que no eran amigos, ¿Entonces por qué viajaban juntos? ¿Qué eran?
-Es que él era mi representante, yo confiaba ciegamente en él con todo lo que tenía que ver con mi laburo y mi laburo siempre fue muy importante en mi vida. En ese momento yo no era consciente, pero mi laburo soy yo y esa carrera que construí, la construí con él. Él manejaba todo, negociaba todo, hoy le discuto cosas porque es mi novio, antes no le discutía nada. Y porque lo conocí así, yo en ese momento estaba en pareja y estaba bien, él también tenía sus cosas. Pero no es que éramos íntimos amigos y nos contábamos toda la vida, nos pasa mucho de repasar y recordar cosas que no nos contamos. Tardamos un montón en conectar desde este lado.
-¿Y cómo se dio esa conexión?
-Cuando yo volví a la tele en 2016, que nosotros ya no trabajábamos juntos. Le dije que quería volver y él me ayudó. Me conecto con Fede (Hope), Chato (Prada), vuelvo al Bailando, a partir de ahí nos empezamos a ver más. Me empezó a ayudar con el laburo sin ser mi representante porque es algo que viene con él, lo hace conmigo y con un montón de personas que quiere. Un día, yo ya estaba separada, él también, y nos encontramos en Tequila. Igual tampoco fue fácil, decíamos “¿Qué es esto?”. Era raro. Pero nos pasaba y era real. Esa primera temporada estuvo medio fallida y nos reencontramos muchos años después.
-Ah, hubo una primera que no funcionó…
-Hubo una primera temporada, la de Tequila, que no funcionó en 2017 y 2018. Salió como el tuje, todo eso salió mal.
-¿Qué cambió de antes a ahora? ¿Estás parada en otro lugar?
-Ahora somos gente madura, todos teníamos que hacer procesos de separaciones y cosas que llevaban su tiempo, estuvo bien. Ahora estamos en otro nivel de maduración, que está bueno también, yo tenía chicos muy chicos en ese momento. Ahora estamos mejor.
-Y ya siendo tu pareja, te propuso hacer esta obra.
-Sí, el siempre está pensando en cosas, él no para un segundo de la vida.
-Vos tampoco igual…
-Pero él es distinto porque produce, arma, crea, todo el tiempo creando. Yo también, a mí laburar me gusta, lo disfruto y me hace bien.
-Cerramos con una filosófica, ¿qué consejo le darías a esa Carla que recién empezaba?
-Le diría: “No dejes de bailar”. Todo lo demás fue brillante porque siempre hizo lo que pudo, pero que no pare de bailar.
DD
—



