Cannes 2026: una para aplaudir, otra para dormir

Además de Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, con Leonardo Sbaraglia, hubo otra película en competencia por la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Y es una que seguramente los 9 miembros del Jurado que entregará el Palmarés el sábado hayan anotado como premiable.

Minotaur es obra del ruso Andreï Zviaguintsev, el director de Izgnanie, Elena, Leviatán y Sin amor (las cuatro pasaron por Cannes, y Sin regreso ganó el León de Oro en Venecia) que llevaba 9 años sin presentar largometraje, y fue rodada en el exilio.

Y a los pocos minutos se entiende el por qué.

Gleb es el CEO de una empresa rusa que ve cómo muchos de sus empleados están dispuestos a dejarla. A Gleb el gobierno ruso le está pidiendo una nómina de 14 hombres para que enlisten en el Ejército y vayan a la guerra.

Andreï Zviaguintsev y sus actores, antes de entrar al Grand Théàtre Lumière. Foto Reuters

Una que hay que anotar

Pero si el tema le preocupa, habrá otro asunto que lo desvelará más. Uno personal. Al preguntarle a Galina -su esposa con la que vive en una hermosa casa alejada, en el bosque, junto a su hijo adolescente- qué hará en el día, luego de que ella le pida que la lleve al centro, le dice que a tomar algo y luego al salón de belleza. Vaya uno a saber por qué, Gleb llama a la peluquería, miente y dice que la está llevando y quiere recordar el horario en que su mujer tiene turno.

Galina no tiene ningún turno.

Minotaur tiene como trasfondo la corrupción, pero mucho más de frente y al centro la impunidad. Gleb tiene contactos, y logra que un conocido investigue si su esposa lo engaña. Y sí. Cada tanto va al departamento de un fotógrafo en esos edificios sociales que el comunismo ha mantenido en pie.

El ruso Andreï Zviaguintsev ya presentó 3 películas en Cannes: todas se llevaron un premio. Reuters

Cómo la vida de Gleb cambia -sin nunca decirle nada a su esposa- pasa a ser el eje del filme. Falta para que Minotauro se estrene en la Argentina, pero igual no vamos a spoilear nada. Son poco más de dos horas de tensión, muy buenas actuaciones de Dmitriy Mazurov, con muchísimos trabajos en la TV y poco cine, e Iris Lebedeva y un final de esos que nos dejan pensando.

Uno que no hay que invitarlo más

Todas las películas de la competencia pasan por la Sala Lumière, y algunas otras, también.

Antes ingresar a la Lumière el lunes por la noche, a ver Her Private Hell, del alguna vez aplaudido Nicolas Winding Refn (Drive, aquella con Ryan Gosling), me preguntaba cuál había sido su última película buena.

En guardia. Sophie Thatcher, el director Nicolas Winding Refn y Charles Melton. EFE

Y ya comenzada la proyección, empecé a rememorar y a volver a preguntarme cuándo dejaron de gustarme las películas del director danés. Y seguramente fue cuando me dejaron de preocupar los personajes, la suerte que corren en estas películas de acción, sangre y sexo.

Por ejemplo, en Her Private Hell (Su propio infierno) no hay gente. Sí hay cuatro o cinco personajes, pero no se ven personas. Todo es de noche, en la calle no hay nadie. A diferencia de Pawel Pawlikowski (Fatherland), que prefiere y hace hasta lo imposible por rodar sus películas en escenarios naturales, NWR, que es como le gusta firmar Nicolas Winding Refn, es todo lo contrario. Todo es set de filmación artificialidad.

Por momentos Her Private Hell se parece a Propeller One-Night Coach, la película que dirigió John Travolta y que trajo y se llevó una inesperada Palma de Oro de honor, por lo berreta y de cartón que se nota son los escenarios. Mucho neón, mucho primer plano, mucha luz y escasa sustancia.

La foto de la alfombra roja es igual de abstracta que la película. EFE

Abstracto a un extremo inusitado, ni las escenas de pelea cuerpo a cuerpo parecen bien coreografiadas. Y la música, bien operística, como le gustaba a Brian De Palma es sus thrillers, nos suena conocida. En los créditos finales, vemos quién la compuso: Pino Donaggio, activo a sus 84 años, quien había sido el músico de Carrie, Vestida para matar, Doble de cuerpo

Hay gente que en vez de evolucionar en su creatividad, no solo se estanca, sino que empeora. Y no estamos hablando de Donaggio.

fuente: CLARIN

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