
Los pronósticos climáticos bajo condiciones de fenómeno “Niño” indican que la región central del país tendría un verano prometedor pensando en la próxima campaña gruesa, según el análisis del especialista Alfredo Elorriaga, aunque advierte sobre la posibilidad de excesos de lluvias durante la cosecha.
La campaña gruesa 2026/27 comienza a perfilarse bajo un contexto climático que genera expectativas renovadas para el agro argentino. Las proyecciones actuales indican el desarrollo de un fenómeno «El Niño» que podría alcanzar una intensidad fuerte e incluso muy fuerte durante los meses críticos para la definición de los cultivos de verano, configurando el panorama más favorable para la producción desde 2020.
Así lo sostiene el consultor de la Bolsa de Comercio de Rosario (GEA/BCR), Alfredo Elorriaga, quien remarca que, pese a las incertidumbres existentes sobre la medición del fenómeno, el escenario proyectado es altamente favorable para la agricultura argentina.
«El escenario que se proyecta nunca fue mejor para el verano desde el 2020», afirmó el especialista, al destacar que el mayor calentamiento del Pacífico coincidiría con diciembre y enero, período en el que se define el rendimiento del maíz temprano y buena parte de la soja de primera.
Un «Niño» difícil de medir, pero con señales positivas
Una de las particularidades de este año es que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) modificó el índice utilizado para monitorear el calentamiento del Pacífico. El tradicional ONI fue reemplazado por el RONI, que incorpora nuevas variables vinculadas al cambio climático y amplía el área de medición.
Este cambio impide comparar directamente los valores actuales con los registrados en eventos anteriores, dificultando establecer con precisión la intensidad que finalmente alcanzará el fenómeno.
«De alguna forma rompieron el metro», graficó Elorriaga, al explicar que los nuevos indicadores todavía no cuentan con una referencia histórica que permita interpretar correctamente los valores publicados.
No obstante, más allá de esa incertidumbre metodológica, el especialista considera que el evento será, al menos, fuerte y con posibilidades de alcanzar la categoría de muy fuerte, comparable con los registrados en 1992, 1998 y 2016.
Más agua en el momento justo
Las perspectivas resultan especialmente alentadoras para la región pampeana. Según explicó Elorriaga, bajo condiciones similares las reservas de agua útil en el suelo suelen mantenerse por encima de los valores normales durante el período comprendido entre principios de diciembre y fines de febrero.
A ello se suma otro factor favorable: los perfiles de humedad iniciaron el invierno con muy buenas reservas luego de una campaña caracterizada por abundantes precipitaciones.
La combinación entre esa disponibilidad inicial de agua y un evento «Niño» de intensidad fuerte permitiría conformar, según el especialista, «un escenario ideal para la producción agrícola».
Incluso, proyecta que el volumen de cosecha podría superar al obtenido en la última campaña, siempre que los factores regionales acompañen la evolución prevista del fenómeno.
Los riesgos no desaparecen
Si bien las perspectivas productivas son alentadoras, Elorriaga advierte que un escenario húmedo también implica desafíos.
El principal riesgo aparece hacia el final del ciclo, durante la cosecha, cuando precipitaciones muy superiores a las normales podrían complicar la logística, el ingreso de maquinaria a los lotes y la calidad de los granos.
El antecedente más recordado continúa siendo abril de 2016, cuando lluvias extraordinarias durante la cosecha provocaron importantes pérdidas, especialmente en soja.

Sin embargo, el especialista aclaró que no todos los eventos extremos pueden atribuirse exclusivamente a «El Niño», ya que también intervienen otros forzantes regionales, como la influencia del Atlántico y la dinámica de los sistemas de alta y baja presión.
Aun con esa advertencia, el balance general sigue siendo ampliamente positivo.
«Para Argentina se abre la posibilidad de estar ante un escenario muy importante de producción», resumió Elorriaga, al señalar que, luego de varios años marcados por sucesivos eventos «La Niña» y restricciones hídricas, el verano 2027 podría ofrecer las mejores condiciones climáticas de la década para el desarrollo de la campaña gruesa.




