
El Gobierno nacional anticipa un mayor ajuste en el gasto público ante la caída sostenida de la recaudación tributaria. Desde el equipo económico reconocen que el escenario fiscal se volvió más exigente en los últimos meses, con ingresos en descenso y una actividad económica que recién comienza a mostrar señales de recuperación. En este contexto, el objetivo central sigue siendo sostener el superávit.
En febrero, la inflación alcanzó el 2,9%, un dato que en el Ministerio de Economía consideran elevado pero transitorio. Lo atribuyen principalmente a ajustes tarifarios y factores estacionales, como subas en alimentos y servicios. Por ello, descartan por ahora endurecer la política monetaria, al entender que se trata de una “corrección de precios relativos” y no de un fenómeno estructural.

La recaudación impositiva acumula siete meses consecutivos de caída en términos reales. Solo en febrero, los ingresos tributarios totalizaron $16,2 billones, con una baja interanual cercana al 10%. Según especialistas, esta tendencia no sería coyuntural, sino consecuencia de decisiones oficiales como la reducción de impuestos y cambios en la estructura productiva, con mayor peso de sectores que aportan menos al fisco.
Frente a este panorama, el Ejecutivo ratifica su estrategia de ajuste del gasto para mantener el equilibrio fiscal. Aunque el Tesoro continúa mostrando resultados superavitarios, advierten que el contexto seguirá siendo desafiante. Mientras tanto, algunos analistas sugieren flexibilizar la política monetaria para apuntalar la actividad y evitar un mayor deterioro en el sistema financiero.
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