
El sargento Rubén Rosales rompió el silencio tras haber sido baleado durante los enfrentamientos en barrio Bajo Pueyrredón. El efectivo habló desde el Policlínico Policial, donde permanecía internado, y reconstruyó los momentos de máxima tensión vividos durante el operativo que se desplegó luego de la muerte de Tomás Orihuela.
Según su testimonio, el episodio comenzó con agresiones mediante piedras y botellas, pero escaló rápidamente cuando aparecieron personas armadas. “Empezamos a escuchar los silbidos de los proyectiles que pasaban muy cerca”, relató. En ese contexto, recibió un disparo en la pierna mientras intentaba cubrirse: “En el momento que levanto el escudo siento el impacto”, explicó.
Rosales también recordó el instante posterior al ataque, cuando no podía moverse por la herida. “Cuando me logro levantar le digo a mi jefe: ‘Me pegaron un tiro en una pierna’”, contó. Fue asistido en el lugar por una compañera y luego por su hermano, también policía, quien lo trasladó de urgencia al Hospital de Urgencias.
A pesar de la violencia del episodio, el sargento destacó la decisión de no responder con armas de fuego para evitar daños a civiles. “Había muchos niños, no podíamos ponerlos en riesgo”, sostuvo. En recuperación favorable, aseguró que su objetivo es retomar sus funciones lo antes posible.
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