
En Córdoba, las aulas ya no son territorio exclusivo de jóvenes. El envejecimiento poblacional, la baja natalidad y el aumento de hogares unipersonales están transformando la escena educativa: cada vez más adultos mayores vuelven a estudiar. Los datos del Censo 2022, analizados por el Instituto de Planificación Municipal (Iplamu), confirman que el grupo de 60 años y más crece de forma sostenida, en un proceso que además se feminiza, con mayor presencia de mujeres en edades avanzadas.
Aprender para adaptarse y vincularse
Especialistas coinciden en que la educación cumple un rol central en esta nueva longevidad. La psicóloga Romina Halbwirth sostiene que el aprendizaje continuo funciona como una herramienta de adaptación vital: mejora la autoestima, reduce el impacto emocional de la jubilación o los duelos y fortalece los vínculos sociales. Muchos adultos mayores retoman intereses postergados o descubren otros nuevos, impulsados por el deseo de mantenerse activos y con proyectos.

Universidades con matrícula en alza
Los programas universitarios para personas mayores reflejan esta tendencia. En la Universidad Nacional de Córdoba, el Programa Universitario para Adultos Mayores pasó de 300 estudiantes en 2020 a más de 1.200 en 2025, con talleres que van desde historia e idiomas hasta tecnología y movimiento. En la Universidad Católica de Córdoba, el Programa Comenzar alcanza a miles de participantes por año y registra un crecimiento sostenido, incluso entre personas mayores de 80 años.
Educación contra la soledad
La contracara del envejecimiento es la soledad no deseada, uno de los principales factores de deterioro en la salud. Gerontólogos advierten que dos tercios de las personas llegan sanas a los 65, pero el aislamiento acelera la fragilidad. En ese contexto, estudiar se convierte en una estrategia concreta de bienestar: ordena la rutina, amplía redes sociales y refuerza la autonomía. Para muchos, volver al aula no es solo aprender, sino volver a pertenecer.
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