Argentina y su vocación pacífica en el desarrollo nuclear

La iniciativa “Átomos para la Paz”, anunciada en 1953, promueve el uso de la energía nuclear con fines pacíficos, gestionada principalmente por el OIEA -Organismo Internacional de Energía Atómica- hoy presidida por el diplomático argentino Rafael Grossi.

La utilización de estos átomos incluye la medicina nuclear, agricultura, conservación de alimentos y generación eléctrica, buscando minimizar el impacto ambiental.

Por ejemplo, Argentina es pionera en medicina nuclear desde la década de 1960, impulsada por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Con hitos como el primer reactor de investigación (RA-1), lidera en el uso pacífico de tecnología nuclear para diagnóstico y tratamiento, que permite encontrar tumores y ver cuánto se ha propagado la enfermedad en el cuerpo, incluso antes de que el paciente manifieste síntomas.

Actualmente, el país mantiene un firme compromiso con el uso de la tecnología atómica solo con fines pacíficos y el desarme nuclear, así como también busca la reactivación de la minería de uranio y vanadio, como el proyecto Amarillo Grande en la Pcia. de Río Negro, para fortalecer la autonomía energética y la exportación de tecnología.

Sin embargo, existen voces críticas que siguen advirtiendo sobre los riesgos de seguridad y residuos. Vale recordar que al terrible accidente de Chernóbil (1986), se sumó otra terrible catástrofe nuclear en Fukushima (2011), 25 años después, y ambos accidentes se aceptaron como errores humanos, cundo realmente fueron consecuencia de errores institucionales.

Robert Oppenheimer, físico teórico estadounidense y “padre de la bomba atómica” debido a su destacada participación en el Proyecto Manhattan, ocupó después de la 2da Guerra Mundial el cargo de asesor jefe en la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos y utilizó su posición para abogar por el control internacional del armamento nuclear, su no proliferación, y frenar la carrera armamentística entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Hoy este rol tiene a un argentino como máxima autoridad: Rafael Grossi, quien asumió la presidencia de la OIEA el 3 de diciembre de 2019 y fue reelecto para un segundo mandato hasta el 2 de diciembre de 2027.

También la física Karen Hallberg, investigadora de la CNEA, egresada y docente del Instituto Balseiro, quien es la Secretaria General de las Conferencias Pugwash, ente internacional contra el uso de armas nucleares. Vale mencionar que en el “Manifiesto Einstein-Russell” de 1955, científicos y pensadores alertaron al mundo sobre la importancia del desarme nuclear y del uso pacífico de la energía nuclear. Dos años después, se realizó la primera edición de las hoy conocidas “Conferencias Pugwash sobre Ciencia y Asuntos Mundiales”, que hoy lidera la Dra. Hallberg.

En cuanto a la labor destacada de la mujer, vale mencionar dos pioneras argentinas: la química Yolanda Ortiz, quien fuera designada Secretaria de Política Ambiental (1973-1975) convirtiéndose en la primera funcionaria a nivel nacional y latinoamericano cumpliendo su labor con auténtico espíritu ecológico; y la Dra. Emma Pérez Ferreira, destacada física nuclear argentina reconocida por ser la primera mujer en presidir la CNEA (1987-1989).

La historia del desarrollo nuclear en nuestro país nos muestra que no debe detenerse el progreso y la aplicación de la energía nuclear, pues el nivel actual de la tecnología y la conciencia social están en condiciones de evaluar y controlar los riesgos, y reducirlos a un “supermínimo”, elevando notablemente la seguridad. Además, debe proseguir la investigación para sustituir los combustibles fósiles, cuidar el medio ambiente, y encaminarse hacia la fusión nuclear como herramienta para satisfacer la demanda creciente de energía en este Siglo XXI.

fuente: CLARIN

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