
Economistas como Ricardo Arriazu y Pablo Gerchunoff advierten que el país podría estar ante un cambio estructural similar al modelo agroexportador de 1880-1930, impulsado ahora por la demanda global de alimentos, energía y minerales estratégicos.
En los últimos años, distintos factores internacionales y locales parecen alinearse para ofrecer a la Argentina una oportunidad de reencauzar su crecimiento y desarrollo económico. El economista Ricardo Arriazu recuerda que “Argentina es un chocador serial de calesitas”, en referencia a los reiterados fracasos en sostener procesos de expansión. Sin embargo, hoy se vislumbra un escenario distinto.
El historiador y economista Pablo Gerchunoff compara el presente con el modelo agroexportador de fines del siglo XIX y principios del XX, cuando el país se integró al mundo gracias a su potencial en la producción de alimentos. En aquel período, el PBI per cápita creció un 2,3% anual promedio, muy por encima de las décadas posteriores.
Hoy, además de la demanda por alimentos, la transición energética y los cambios geopolíticos aumentan la necesidad de minerales como litio y cobre, junto al gas y petróleo no convencional de Vaca Muerta. A esto se suman acuerdos comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos, la aprobación de la Ley Bases, la reforma laboral y regímenes de incentivos como el RIGI y Super RIGI.
El desafío es consolidar un equilibrio fiscal sostenible, mejorar la competitividad con una reforma tributaria integral y avanzar en infraestructura clave: gasoductos, oleoductos, puertos y logística. También se plantea la necesidad de crear fondos anticíclicos, siguiendo ejemplos de Chile y Noruega, para enfrentar la volatilidad de los precios de commodities y evitar el “mal holandés”.
No obstante, el riesgo social y político es evidente: la apertura económica y la apreciación cambiaria pueden afectar a sectores industriales intensivos en mano de obra, como textiles y metalúrgicos, generando desempleo en los grandes centros urbanos. Gerchunoff advierte que atender a los “perdedores” será crucial para sostener el modelo.
Argentina enfrenta así una encrucijada: aprovechar sus recursos naturales para integrarse al mundo y crecer, o repetir la historia de oportunidades desperdiciadas. La clave estará en combinar estabilidad institucional, equilibrio fiscal y políticas de inclusión que permitan transformar esta coyuntura en un verdadero cambio estructural.




