Cualquier estudiante de Economía sabrá responder cómo funciona un “circuito económico simple” entre familias y empresas. Unas prestando su fuerza de trabajo, recibiendo una remuneración y consumiendo bienes y servicios que serán producidos por las empresas a cambio de una ganancia o beneficio empresario. Las teorías económicas que solo ven el lado del consumidor o demanda, y las que ven solo el lado del productor u oferta, están en un dilema moral, que es que solo abarcan una parte del problema por sus anteojeras ideológicas. Tarde o temprano están destinados a fracasar, a menos que su hemiplejia moral (como la llamaría José Ortega y Gasset, en su “Prólogo para Franceses” de La Rebelión de las Masas), sea corregida por la necesidad y el aprendizaje que surge de la praxis. Para que el mercado crezca es necesario que aumenten tanto el consumo como la producción de bienes y servicios. En este punto cito un cuento o leyenda china de Han Fei Zi. “Había un hombre que decía: – Mi arco es tan bueno que no necesita flecha. Otro que lo escuchó, contestó: – En cambio mi flecha es tan buena que no necesita arco. El hábil arquero Yi los oyó y les dijo: – Sin arco, ¿cómo puede disparar la flecha? Y sin flecha, ¿cómo puede dar en el blanco? Los hombres escucharon a Yi y gracias a usar el arco y la flecha aprendieron a dar en el blanco”.
Claro está que en este breve cuento, ambos hombres tuvieron la disposición a escuchar y aprender a partir del respeto por el punto de vista ajeno, que siempre es complementario de nuestra limitada capacidad para abarcar la totalidad de un problema. Es necesario abrir los oídos y los corazones al diálogo en busca de consensos que articulen las necesidades de los que ven que su capacidad de consumo cada vez es menor y de los que piensan que se les hace imposible producir sin un horizonte de estabilidad y equilibrio que debería surgir de ese diálogo constructivo.
Miguel Ángel Reguera miguelreguera@yahoo.com.ar
OTRAS CARTAS
Tasa vial en municipios
Algunos municipios bonaerenses van a cobrar una tasa vial que va a figurar en el ticket de compra de combustibles líquidos y gaseoso. Como transparencia, en su página web esos municipios todos los meses debe informar lo que recaudó, y en qué se gastó y/ o invirtió con grado de detalle.
Antonio Juan Sforzin asasforzin@yahoo.com
Árboles que trabajan
Nuestro país cuenta con 20 millones de hectáreas con potencial de ser forestadas. Hoy solo tenemos 1.300.000 plantadas no autóctonas. Los uruguayos, a raíz de las ofertas de las pasteras, han forestado en tierras que no compiten con una buena agricultura y han logrado llegar a pagar con el producido ahí toda la importación de su petróleo. Hoy tienen casi la misma superficie que nosotros de bosques artificiales, siendo diez veces más pequeños. Imagino una acción para incrementar la forestación: crear uno o varios fondos para desarrollarla. La idea es provocar el ahorro de la sociedad en forma voluntaria similar a la que nos proponen los cajeros de supermercados. Sería algo como “¿quiere destinar el xx% de su compra a adquirir una participación en el fondo forestal…?” Esto puede producir los fondos que necesita el país para forestar mientras nosotros ahorramos casi sin darnos cuenta.
Ricardo Olaviaga rolaviaga157@gmail.com
La “fiesta” de nunca acabar
La carta de Jorge Lopez-Airaghi (22/1) es magistral: sencilla, concreta, ilustrativa del padecimiento que sufrimos los argentinos desde tiempos inmemoriales. Darwin en 1840 ya nos describía como un “pueblo corrupto” por encima de todos en Sudamérica. Uno siempre abriga la esperanza que venga un “salvador” y haga cumplir la ley. Creo que ahí está el problema: “la ley” es un intrincado jurídico que permite que acusadores y acusados saquen provecho. Todos contentos, menos los argentinos. ¿Es mucho pedir que el presidente Milei nos aporte una solución democrática para empezar a terminar con esta “fiesta” de tan pocos sinvergüenzas?
Gustavo Fricker africher@gmail.com