
Comenzando un nuevo año parecería que se viene un volver a barajar, nuevos rumbos, cambios trascendentales. Pero no siempre es así. Quiero referirme a un tema que, no obstante resultar por demás reiterado y con clamor popular, sigue generando gran escozor en todos nosotros, puesto que pasa el tiempo y todo sigue igual. Se trata de la inseguridad relacionada con los “motochorros”, quienes con pasmosa tranquilidad logran sus objetivos delinquiendo a través del uso de motos, robando y huyendo. Su metodología que parecería difícil de contrarrestar, y siguen actuando con total impunidad.
El delito puede ocurrir tanto de noche como a plena luz del día, en un lugar apartado o bien en medio de una autopista frente a la mirada azorada de ocasionales automovilistas. En caso de uno sufrir el padecimiento de su accionar, a esta altura ya no alcanza con las sugerencias de mantener la calma, no resistirse, entregar todo lo que pretenden… y así se podría seguir con el manual de las buenas intenciones. Se trata de un delito recurrente al cual todos estamos propensos a sufrirlo y urge tratar de combatirlo ya mismo.
Carezco de estadísticas, aunque intuyo que los delitos de motochorros deben significar un alto porcentual de participación de todos los acontecidos en sus diferentes tipos incluidos en el Código Penal. ¿Se puede tener una vida normal sobrellevada con la posibilidad de padecer este hecho delictivo? Esta pregunta, evidentemente, no tiene opciones de respuestas. Por ello, ¿hasta cuándo debemos seguir normalizando estos actos violentos y traumáticos sin plantear y aplicar iniciativas que los puedan revertir?
Teniendo en cuenta lo expuesto, se tendrían que convocar a reuniones multisectoriales para tratar esta temática que tanto repercute contra el bienestar y la tranquilidad de todos. En base a sus distintos aportes y a la brevedad se podría lograr generar entre los especialistas y responsables un abanico de medidas que conlleven al éxito que se pretende. Es una época de enormes avances tecnológicos a diario y, por ello, descreo que no pueda encontrarse una solución para terminar o, aunque fuese, disminuir considerablemente estos delitos.
En definitiva, resultaría indispensable despojarse de colores políticos y de intereses sectoriales para tratar este flagelo que desde hace tanto nos atormenta. Tengo la convicción que, de proponérselo firmemente, quienes resulten los idóneos sobre este tema podrían contribuir a llevar tranquilidad aminorando gran parte de su incidencia. Así, poder terminar con la consigna de “año nuevo, delitos viejos”.
Dr. Marcos Horacio Baranoff hbaranoff@fibertel.com.ar
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El fútbol argentino se encuentra en una encrucijada difícil de resolver debido a la estructura paradojal de la misma. Por un lado acredita la máxima legitimidad deportiva por ser no solo bicampeón de América sino a la vez campeón del mundo. Y por el otro lado se sitúa en la máxima ilegalidad debido a la corrupción que atraviesa a sus dirigentes más encumbrados. ¿Esta configuración será un símbolo de la siniestra idiosincracia argentina?
Daniel Maccagnoni republicracia@gmail.com
“La cultura ciudadana, una vez más, exhibe su caída libre”
Luego de los accidentes en “competencias” que se realizan en las dunas y médanos en el límite de Pinamar, con vehículos de diversas características, volúmenes, tamaños y formas, con el resultado que a estas horas hay un menor luchando por su vida, llama la atención el ver cómo todo sigue, como si nada hubiera sucedido. Los opinólogos sostienen que debería actuar la Provincia, el Municipio, la Policía, la Justicia. Nadie alude al factor principal que brilla por su absoluta ausencia: la responsabilidad individual, tanto para proteger vidas propias como de terceros. Lamentablemente, la cultura ciudadana, una vez más, exhibe su caída libre.
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Las vacantes en la Justicia
Es una lástima que el gobierno de Milei que está haciendo una muy buena gestión económica, demore el envío de las candidaturas de distintas ramas de la Justicia que se mantienen vacantes. Parecería que no le interesa que mejore el sistema judicial. Todavía está a tiempo de enmendarlo.
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Quedó bien claro que el gobierno venezolano de Delcy Rodríguez busca continuidad. Pone cara de bueno, pero insiste en quedarse con el poder, cuando Maduro accedió al mismo por un gigantesco fraude de una nunca probada mayoría. Queda demostrado que Trump busca petróleo y no le interesa el interés del pueblo venezolano en terminar con la dictadura chavista. Trump debe solicitar una compulsa urgente del pueblo venezolano, permitiendo el voto de los exilados y Delcy-Diosdado, aceptar el resultado. Todo otro “arreglo” será un error irrevocable.
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“El sarampión y la violencia son contagiosos”, frase de las abuelas y las maestras de tiempos idos. Sr. Presidente: el insulto es el último recurso ante la falta de argumentos y es evidente que tiempos recientes en Argentina han dejado secuelas en la sociedad. Corrupción endógena, salud deteriorada, economía enclenque y ansiedad general. Expresarse con determinación y palabras justas, serenas, resulta sanador. La crispación de una sociedad fogoneada por el exceso de decibeles discursivos se potencia cada día. Suavizarlos con ricos, significantes y múltiples vocablos castellanos, es un recurso útil, sabio, maduro.
Raquel Saffores raquelsaffores@gmail.com
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Patricio Oschlies poschlies@yahoo.com.ar
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