
Si no hubieras estudiado derecho, ¿a qué te habría gustado dedicarte?
La verdad es que me gusta mucho lo que hago. Pero si no hubiera sido abogado penalista, podría haber terminado en mundos muy distintos. Siempre me atrajo el turismo: viajar, conocer lugares, meterme en experiencias de aventura. También me gustan mucho los autos, así que no descarto que podría haber trabajado con eso. Y, para completar el contraste, me encanta la buena comida y descubrir lugares nuevos, así que otra vida posible sería la de crítico gastronómico. Tengo varios “yo” alternativos dando vueltas.
¿Qué virtud personal valorás especialmente en vos?
No sé si es una virtud, pero creo que soy bueno escuchando. Y para mí eso es clave en esta profesión. Me gusta rodearme de gente en la que confío y que sé que es muy buena en lo que hace.
Escuchar, poner todas las opciones sobre la mesa y confiar en el equipo que tengo al lado es lo que nos permite encarar bien los casos que llevamos. No hay manera de trabajar solo; lo que funciona de verdad es el equipo y la capacidad de escuchar antes de decidir.
¿Qué superpoder pensás que tenés o te gustaría tener?
Me gustaría tener el poder de la teletransportación. Sería ideal para llegar en un mismo día a distintas fiscalías, juzgados o alcaldías sin depender del tránsito, de los tiempos. Hay jornadas en las que realmente lo necesito… y no sabés cómo lo agradecería.
¿Tenés un talento oculto que pocos conocen?
Creo que tengo una intuición muy fuerte. No sé si llamarlo talento, pero me pasa que puedo sentarme a conversar con alguien y, en los primeros minutos, ya percibo para dónde va la persona, qué siente o qué está escondiendo entre líneas.
Lo mismo en una reunión, en una audiencia o incluso en la vida cotidiana: hay algo en la primera impresión, en el tono, en la mirada, que me dice mucho más que las palabras.
En el derecho penal, tener buena intuición es más que útil; a veces es lo que te permite anticiparte, leer una situación y tomar la decisión correcta a tiempo. Yo creo que ese es mi talento invisible.
¿Qué te ayuda a mantener los pies en la tierra?
Más que un “qué”, en mi caso es un “quién”: mi socio, Jorge Condomí Alcorta.
Hacemos un gran equipo. Yo soy más intuitivo, más soñador, más de avanzar por lo que siento que es correcto, y para mí eso es una fortaleza. Pero también sé que a veces necesito a alguien que me marque el eje, que me devuelva al terreno firme.
Jorge tiene esa capacidad: baja a tierra ideas, ordena, comunica, pone estructura. Nos equilibramos muy bien. Ese complemento, mi intuición y su claridad estratégica, es creo, uno de los motores del estudio.
¿Qué música suele acompañarte en tu rutina?
La verdad es que me encanta la música y escucho de todo. Muchos se sorprenden porque suelo escuchar cosas muy modernas, casi lo mismo que escuchan chicos y chicas de veinte años.
Pero si te tengo que dar un nombre de lo que más suena últimamente en mi día a día, te diría Black Coffee y Kid Francescoli. Son dos artistas que me acompañan mucho para trabajar, pensar o simplemente mover un poco la energía.
¿Tenés alguna frase o lema que te represente?
En el estudio usamos mucho una frase que ya se volvió parte de nuestra forma de trabajar: “ganar-ganar”.
Es simple, pero para nosotros tiene un sentido profundo: que todas las partes involucradas ganen, que las decisiones sean justas, que el vínculo sea sano y que el resultado deje algo bueno para todos.
Es una manera de recordar por qué hacemos lo que hacemos.
¿Qué cosas cotidianas te hacen feliz?
Me hacen feliz cosas muy simples: disfrutar de la arquitectura, escuchar música, cocinar con calma y sin apuros. También detenerme a mirar un paisaje lindo, aunque sea por un minuto. Esos momentos cotidianos, que pasan casi sin que uno los planee, son los que realmente me cargan de energía.
¿Qué haces para desconectarte o recargar energías?
Muchas veces a la mañana, me pongo los auriculares y salgo a caminar un buen rato. Es mi manera de desconectar y, al mismo tiempo, ordenar la cabeza. Camino, pienso, dejo que todo se acomode solo. Es un ritual simple, pero me recarga como pocos.
¿Cómo te llevás con el silencio?
Con el silencio me llevo muy bien. De hecho, lo necesito. Muchas veces me encierro un rato y hago una meditación. Es algo que me ayuda muchísimo, sobre todo en los días difíciles. Ese momento de quietud, aunque sea breve, me devuelve claridad y calma.
¿Qué te da orgullo?
Nuestro estudio. La verdad es que hacemos todo con pasión. Somos un equipo muy sólido, muy comprometido, y nos consideramos un estudio boutique porque elegimos trabajar de manera cercana, personalizada y distinta al resto.
Nos gusta tener nuestra propia mirada, no seguir caminos ya marcados sino construir los nuestros. Y creo que ese enfoque, esa identidad propia, es un valor agregado enorme. Eso me da orgullo todos los días.
¿Cómo te llevás con la inteligencia artificial?
Creo que la inteligencia artificial es algo maravilloso. Cada vez me apasiona más y veo un potencial enorme para nuestro rubro. Me impresiona, y un poco me desafía, la velocidad a la que está avanzando todo.
En el ámbito jurídico, lejos de reemplazarnos, creo que la IA nos obliga a ser más precisos, más estratégicos y más humanos. Nos libera tiempo para lo que realmente importa: pensar mejor, analizar mejor y acompañar mejor a nuestros clientes.
Para mí, es una herramienta que vino a potenciar el trabajo, no a competir con él..
¿Qué cosas o actividades te conectan con tu creatividad?
Manejar largas distancias. No sé por qué, pero las mejores ideas, incluso jurídicas, aparecen ahí. Algo tiene la ruta que te deja pensar sin presión.
¿Qué pregunta te gustaría que te hagan más seguido?
Me gustaría que me pregunten qué aprendí últimamente. No del derecho, sino de la vida. Siempre hay algo nuevo dando vueltas.
¿Qué viaje tenés pendiente y te gustaría hacer?
Tengo pendiente un viaje muy simple pero muy soñado: ir a ver tenis. Me gustaría ir a Nueva York para vivir el US Open, o también viajar a Inglaterra para ver Wimbledon. Son dos experiencias que quiero hacer sin apuro.
—



