Alertan que la soja moderna agotó gran parte de su diversidad genética

Dos especialistas en mejoramiento genético de Canadá y Brasil coincidieron en que décadas de utilizar los mismos materiales élite redujeron la variabilidad genética del cultivo. Ahora, el desafío es volver a incorporar genes «olvidados» para desarrollar variedades más productivas y resistentes a enfermedades.

Gracias al mejoramiento genético, el cultivo logró incrementar de manera sostenida sus rendimientos y adaptarse a ambientes muy diversos. Sin embargo, ese mismo proceso que impulsó su éxito productivo hoy plantea un nuevo desafío: la pérdida de diversidad genética.

La advertencia fue uno de los ejes del panel «Innovación sin fronteras: mejoramiento genético y genómica. Transformando el mundo: experiencias de Brasil y Canadá», realizado durante el Seminario ACSOJA 2026 en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde investigadores de Canadá y Brasil coincidieron en que el futuro del cultivo dependerá de ampliar nuevamente su base genética.

Los especialistas Istvan Rajcan, de la Universidad de Guelph (Canadá), y Ricardo Vilela Abdelnoor, de Embrapa Soja (Brasil), señalaron que durante décadas los programas de mejoramiento recurrieron una y otra vez a un reducido grupo de variedades sobresalientes para desarrollar nuevos cultivares. Si bien esa estrategia permitió importantes avances, también provocó una marcada reducción de la diversidad genética disponible.

«Muchos mejoradores cruzan siempre los mejores materiales disponibles y eso termina reduciendo la diversidad genética», explicó Rajcan, quien remarcó que esa práctica limita la incorporación de nuevos genes vinculados al rendimiento y a la resistencia frente a enfermedades emergentes.

La situación también quedó reflejada en Brasil. Abdelnoor mostró que, aunque en el desarrollo de las variedades modernas participaron 26 ancestros, apenas cuatro explican más de la mitad de la base genética utilizada actualmente. Un fenómeno similar ocurre en Estados Unidos, donde solo 17 ancestros representan cerca del 75% de la diversidad genética presente en los cultivares comerciales.

Para el investigador brasileño, esa concentración constituye un desafío estratégico para uno de los mayores productores mundiales de soja. «Brasil tiene una diversidad genética muy restringida», afirmó, pese a que el país produce alrededor de 180 millones de toneladas y cultiva soja prácticamente en todo su territorio.

Volver al origen para encontrar nuevas respuestas
Frente a este escenario, los programas de investigación comenzaron a mirar nuevamente hacia el lugar donde nació la soja: China.

Rajcan explicó que su equipo decidió incorporar germoplasma proveniente del centro de origen de la especie para recuperar genes que quedaron fuera de los procesos tradicionales de selección. El trabajo incluyó la evaluación de alrededor de 200 genotipos y la aplicación de estudios de asociación genómica (GWAS), una herramienta que permite identificar regiones del ADN relacionadas con características agronómicas de interés.

Los resultados fueron alentadores. Los investigadores detectaron nuevos marcadores genéticos asociados al rendimiento, especialmente en el cromosoma 14, y comprobaron que tanto los materiales canadienses como los chinos aportan alelos favorables para aumentar la productividad. Además, el germoplasma asiático incorporó variantes genéticas prácticamente ausentes en los programas modernos de mejoramiento.

Una herramienta para enfrentar nuevas enfermedades
La mayor diversidad genética no solo permitiría seguir elevando los rindes. También representa una herramienta clave para enfrentar enfermedades que hoy amenazan al cultivo.

Rajcan presentó avances en la búsqueda de nuevas fuentes de resistencia al nematodo del quiste de la soja, considerado el patógeno más destructivo del cultivo a nivel mundial. Este organismo afecta las raíces, reduce la absorción de agua y nutrientes y provoca importantes pérdidas de rendimiento, muchas veces sin manifestar síntomas visibles en la parte aérea de la planta.

El equipo canadiense logró identificar un nuevo marcador genético asociado con resistencia en materiales derivados de germoplasma chino, una alternativa que podría reemplazar a las fuentes tradicionales cuya eficacia comenzó a disminuir tras décadas de utilización.

En Brasil, el desafío presenta otra dimensión. Abdelnoor explicó que la expansión del cultivo hacia regiones tropicales obligó a seleccionar variedades capaces de adaptarse a condiciones ambientales completamente distintas, pero también las expuso a nuevas enfermedades, plagas y malezas.

Por ello, sostuvo que incorporar nuevas fuentes de variabilidad genética será determinante para desarrollar cultivares con mayor capacidad de adaptación frente a escenarios productivos cada vez más complejos.

El desafío de la próxima generación de variedades
Aunque trabajan en realidades climáticas muy diferentes, ambos investigadores llegaron a una misma conclusión: el próximo gran salto del mejoramiento genético de la soja ya no dependerá solamente de seleccionar los mejores materiales disponibles, sino de ampliar nuevamente la diversidad genética del cultivo.

La búsqueda de genes presentes en materiales ancestrales o poco utilizados aparece así como una de las principales estrategias para sostener el crecimiento de los rendimientos y fortalecer la resistencia frente a las enfermedades que marcarán la agricultura de las próximas décadas.

Las exposiciones formaron parte de las actividades previas a la Conferencia Mundial de Investigación en Soja, que se desarrollará del 4 al 7 de abril de 2027 en Rosario y reunirá a los principales referentes internacionales del cultivo.


fuente: Prensa Gobierno de Córdoba

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