Albert Serra trae a Argentina la experiencia más extrema que se puede vivir hoy en el cine: Sin la sangre no existiría la película

Las dagas entran y salen del cuello del toro con tanta fluidez como si debajo de su piel solo hubiese aire. La sangre mana a borbotones. El animal regurgita. Se oyen vítores. Detrás de él, en el centro de la arena, un torero saluda al público con gestos teatrales. En las gradas, Albert Serra y su equipo lo filman todo.

Antes de recalar en la sala Lugones, el documental Tardes de soledad, del español Albert Serra, alzó todo tipo de reconocimientos: desde la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián 2025 y el primer puesto en el top 10 de Cahiers du Cinéma hasta uno simbólico, no-oficial: el del Mayor escándalo del festival vasco, con Pacma, el partido animalista, pidiendo a gritos que la retiren de competencia.

Un célebre crítico de cine francés dijo alguna vez que no hacía falta ir a una corrida de toros para experimentarla en todo su esplendor. Para eso estaba el cine. Y hoy, décadas después de su afirmación, llegó una película que la confirma.

Tardes de soledad: una experiencia física

“La cámara y el montaje dan cuenta de experiencias físicas a las que el ojo humano no puede llegar. Que en la plaza no puedes ver. En directo no puedes apreciar la belleza de que el torero esté lleno de sangre en la cara y que resulte que poco a poco te des cuenta de que en realidad es la sangre del toro”, sentencia Serra en una conversación exclusiva con Clarín. “Es mi teoría de siempre: la cámara capta cosas que el ojo humano no puede percibir”.

La película dura dos horas y describe la rutina del torero peruano Andrés Roca Rey -uno de los mejores del mundo- antes, durante y después de al menos tres corridas de toros. Lo vemos en la intimidad de su habitación antes de salir a la arena, en pleno trance del uno contra uno frente al toro y en la minivan con la que vuelve a casa junto a su cuadrilla.

Andrés Roca Rey tiene 29 años. Foto: prensa

A propósito, Serra explica: “La película es un ritual. Son repeticiones. No necesitábamos crear una estructura que tuviera que entretener. De hecho, el objetivo de la película era crear la misma sensación a veces de esterilidad, de reiteración, que se tiene en la plaza. Es decir, que no pasa nada y que solo hay muertes y un paso del tiempo a través de algo. Esto te hace profundizar en lo que es la tauromaquia de una manera que no puedes hacerlo de otra manera”.

El realizador catalán es un llamador de ángel, cada vez que se mueve hace ruido. Provoca. Genera discusión, reflexión y, en el mejor de los casos, las más profundas sensaciones. Ahora, en su nueva aventura, propone una experiencia física. Introducir al espectador en un mundo “moralmente desafiante”, sin ideas ni discurso, que “hace temblar”.

La ofrenda no es gratuita. Viene acompañada de imágenes brutales que hay que tener el estómago fuerte para poder digerir. No faltará quienes se vayan de la sala o tuerzan la cabeza al ver cómo varios toros mueren en primeros planos de maneras lentas y dolorosas. Tardes de soledad le hace ser a uno testigo del desliz de la vida.

Albert Serra, el director catalán de

-Es inevitable que las muertes de toros provocarán polémicas o resultarán muy fuertes. ¿Qué pensás sobre las críticas que puedan generar esas imágenes?

No lo sé, no me importaba demasiado. Yo pongo en una película lo que a mí me gusta. Y, precisamente, como es muy arbitrario quiere decir que tampoco estoy controlando significados o efectos sobre el espectador.

Tardes de soledad es polémica desde su confección, desde el tema. En octubre del año pasado, el Congreso español rechazó una iniciativa legislativa popular que planteaba eliminar la protección legal de la tauromaquia en España por su consideración de patrimonio cultural. El objetivo de los movimientos ecologistas era que se derogara la ley 18/2013 para que se devuelva a las comunidades autónomas la competencia para prohibir o regular espectáculos taurinos. La tauromaquia estuvo, está y estará en la discusión.

Serra solo se limita a describir ese universo. Con todo el dolor que ello implica, pero también con honestidad. Examina el evento extraordinario. Deja que el espectador tome partido.

“Trabajo el montaje con arbitrariedad. Selecciono lo que me gusta y monto con eso, sea del color que sea, tenga lógica o no. Nosotros mismos realmente no sabemos qué tipo de artefacto hemos generado a nivel de efecto en el espectador. No me puedo preocupar de una cosa que no puedo controlar. Mi método no es ese. Y por eso la película desafía o va más allá del debate periodístico”, comenta el realizador.

TRAILER DE TDS

Para él, las imágenes de la película “tienen una ambivalencia tal que nunca tienen un significado claro. Algunos verán una sonrisa perversa; otros una sonrisa inocente”.

El director de las multipremiadas Pacifiction y La muerte de Luis XIV no vio ningún plano durante el rodaje. Una vez que tuvo el material sobre la mesa decidió, “con mucha intuición, muy rápidamente y sin reflexionar”, qué es lo que le gustaba y lo editó.

“Todos los planos de la muerte tenían algo fascinante y casi casi adictivo, no sé por qué”, reconoce, y suma: “La vida se le escapa al toro, está abandonándolo lentamente, y ves esta lucha, este punto intermedio en que ninguno de los dos gana”.

El torero es quien le da la estocada final al toro. Una corrida de Roca Rey en la película. Foto: prensa

No dejó más muertes en el corte final porque no quería que pareciera que estaba subrayándolas o “regocijándose” con ellas. Dice que fue consciente de que para algunos espectadores ese momento podía ser doloroso, aunque admite que, si fuera por él, “estaría todo el rato mirándolo”.

-Hay escenas en donde se genera una especie de trance entre el torero y el toro. ¿Son estas experiencias tan conectadas con lo real, con la imagen pura, lo que va a hacer que las salas efectivamente sobrevivan?

Claro. Es un impacto plástico que incluso lo trasciende y se convierte en físico. Yo creo que es una sensación bonita de recuperar en el cine el impacto físico porque parecía un poco olvidado, que todo tenía que tener un impacto dramático.

Sin la sangre no existiría la película. Su importancia no te la puedes imaginar”, suelta sin tembleques. Aquí su argumento: “Siempre hay fricción física de verdad, y es bonito porque incluso las sangres se conectan. A veces el torero tiene sangre, pero también su traje se llena de la sangre del otro. Al principio entra con el traje blanco y dices, ¡hostia, está herido! Y resulta que es la sangre del toro”.

El póster oficial de

Tardes de soledad se proyectará en la sala Lugones del Teatro San Martín, en Buenos Aires los días: jueves 12, viernes 13, sábado 14, jueves 19 y viernes 20 de febrero a las 21 horas y domingo 15 y miércoles 18 de febrero a las 18 horas. También estará en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, Córdoba, y en el Cine Universidad Mendoza.

fuente: CLARIN

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