
En China, la cultura del trabajo casi continuo está profundamente arraigada. Para muchos empleados, la posibilidad de descansar dos días a la semana no solo resulta extraña, sino incluso malsana.
Tradicionalmente, en China, se aplicaba el sistema 996 que significa trabajar de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días por semana. Esto comenzó a cambiar en 2021 cuando la Suprema Corte del país estableció que el sistema era ilegal.
De todas formas, la historia de Adrián Díaz, un emprendedor español afincado en China desde 2006, ofrece un ejemplo revelador del choque cultural que puede surgir al trasladar valores laborales occidentales al contexto asiático.
Según la presentación de su canal de YouTube, Díaz cumple funciones de consultor de desarrollo de negocio para todo tipo de empresas en China.

Asegura que este “es el capitalismo más absoluto que hay”. Y agrega: “China es la sociedad más individualista del planeta”.
“Cuento con más de 1000 publicaciones, colaboro con universidades y medios de comunicación en España, Latinoamérica y China. Mi tarea divulgativa se financia a pulmón, con mis ahorros y el aporte de mis patronos”, explica.
Agrega que “más allá de la falta de información evidente que existe sobre China, me he tomado como algo personal combatir la desinformación y la toxicidad de los medios. Es imposible saber qué ocurre en el mundo sin saber qué ocurre en China y no sabemos lo que ocurre en China”.
Díaz intentó implantar en su empresa un modelo más humano y social, propio de Europa, donde los fines de semana se consideran un derecho laboral innegociable. Su propuesta fue recibida con incredulidad y rechazo por parte de sus colaboradores chinos.
“Quería dar los fines de semana libres a los trabajadores, pero allí nadie entiende que un empresario decida tener las máquinas paradas dos días de cada siete”
Díaz llegó a China convencido de que priorizar el bienestar del trabajador y limitar la jornada laboral a cinco días aumentaría la satisfacción y fidelidad de sus empleados.
Sin embargo, se encontró con un entorno radicalmente distinto, donde la productividad y la disponibilidad total son la norma.
“Me acuerdo cuando llegué con mi mentalidad occidental. Yo venía con mis ideas socialdemócratas y decía, “vamos a tener una empresa china con ideas occidentales”, no con gestión occidental. Entonces, todo el mundo en el fin de semana tenía fiesta, pero me miraban los chinos y sudaban. Decían que esto no iba a funcionar”, cuenta.
En el podcast Con P de Podcast, recordó que una de las experiencias más reveladoras fue la de su primera secretaria, a quien le prometió que no tendría que trabajar los fines de semana. Pero cuando un cliente internacional permaneció nueve días en China, Díaz necesitó que ella estuviera disponible al menos un fin de semana. La respuesta fue negativa, pues su secretaria encontró otro empleo para respetar su tiempo libre. “Me dijo que no podía estar en casa viendo la tele mientras su madre trabajaba de lunes a domingo”, relata el empresario.
El empresario quedó totalmente sorprendido, pero comprendió esta forma de pensar tras varios intentos. “Me pasó con mi mujer lo mismo en la primera fábrica que montamos con los fines de semana libres. La respuesta era que se me irían todos los trabajadores”, dice.
“Nadie en su sano juicio en China puede entender por qué un empresario que monta una fábrica para ganar dinero decide tener las máquinas paradas dos de cada siete días a la semana, porque para ellos es incomprensible, además de antieconómico”, explica. “Por tanto, nadie va a pensar que tú eres una buena persona. Lo que van a pensar es que no tienes suficiente talento para el negocio”, subraya.
fuente: La Vanguardia
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