
Iguazú (Kelly Ferreyra) Aquel 1 de junio de 2003, cuando conectarse a internet en Iguazú significaba escuchar el inconfundible sonido del dial up y esperar varios minutos para que cargara una sola fotografía, nació un proyecto que para muchos parecía una locura: LaVozDeCataratas.
No existían Facebook, Instagram, TikTok ni WhatsApp. No había transmisiones en vivo ni teléfonos capaces de grabar, editar y publicar una noticia en segundos. La información circulaba por la radio, el diario papel y el comentario de esquina.
En ese escenario apareció una idea disruptiva: contar lo que ocurría en Iguazú a través de internet. Y detrás de esa idea había una mujer. Una periodista que decidió apostar por el futuro cuando todavía nadie creía en él.
No fue sencillo. Hubo que explicar una y otra vez qué era un portal digital. Convencer a anunciantes. Enseñar a las instituciones que las noticias también podían leerse en una pantalla. Aprender tecnología cuando casi nadie hablaba de tecnología.
Pero también hubo que enfrentar otro desafío: abrirse camino en un ambiente donde la mayoría de las decisiones estaban en manos de hombres.
Hace 23 años era difícil ser mujer en los medios. La verdad es que, en muchos aspectos, todavía lo sigue siendo. Sin embargo, LaVozDeCataratas creció, se consolidó y se convirtió en una referencia informativa indiscutible para Iguazú, Misiones, las Tres Fronetras y miles de lectores que, estén donde estén, siguen recurriendo al portal para saber qué está pasando.
No porque tenga la estructura más grande, no porque tenga el mayor presupuesto, sino porque construyó algo mucho más difícil de conseguir: credibilidad.
Durante más de dos décadas, LaVozDeCataratas estuvo donde tenía que estar, contando el crecimiento turístico de la ciudad, informando sobre las grandes inversiones, narrando las crisis económicas, cubriendo inundaciones, incendios, emergencias y tragedias.
Acompañando fiestas populares, eventos internacionales, elecciones, debates políticos y cada una de las historias que construyen la identidad de Iguazú.
Estuvo cuando las Cataratas fueron elegidas una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo. Estuvo durante la pandemia. Estuvo en los momentos más felices y también en los más difíciles. Y sigue estando.
Porque detrás de cada noticia hay una convicción que nunca cambió. La editorial de LaVozDeCataratas no se negocia. No se alquila. No se vende, y no compra seguidores.
En una época donde la información compite con la desinformación, donde las redes sociales aceleran los tiempos y donde muchas veces la presión económica intenta condicionar los contenidos, sostener una voz propia se convirtió en un valor cada vez más escaso.
Ese fue, es y seguirá siendo el compromiso. Por supuesto que cambiaron las herramientas. Pasamos del dial up a la fibra óptica. De las cámaras digitales a los teléfonos inteligentes. De las coberturas tradicionales a los vivos en redes sociales. De una redacción que dependía de una computadora a una audiencia que recibe noticias en tiempo real desde cualquier lugar del mundo.
Hoy incluso convivimos con la inteligencia artificial que nos facilita mucho mas el trabajo, pero hay algo que la tecnología no puede reemplazar. La mirada. El criterio. La sensibilidad para entender que detrás de una noticia hay personas.
Porque LaVozDeCataratas nunca fue solamente un portal de noticias. Fue y sigue siendo una construcción colectiva entre periodistas, lectores, anunciantes, instituciones y vecinos que durante 23 años eligieron confiar.
Sostener un medio independiente durante más de dos décadas en Argentina ya es un desafío enorme. Hacerlo desde el interior del país, desde una ciudad de frontera y siendo mujer, fue, sin dudas, un acto permanente de coraje.
Hoy, 23 años después, LaVozDeCataratas sigue marcando agenda, sigue generando conversación pública y sigue siendo una referencia obligada para entender lo que ocurre en Iguazú.
Porque los formatos cambian, las plataformas cambian, las tecnologías cambian, pero la credibilidad se construye todos los días. Y esa sigue siendo nuestra mayor noticia.
Gracias por acompañarnos durante estos 23 años.
Lo mejor todavía está por escribirse.
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